martes, 14 de febrero de 2017

RECORRIDO POR LA IGLESIA DEL SALVADOR

NAVE DEL EVANGELIO

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  Retablo del Cristo de los Afligidos.

 Se realizó en dos etapas distintas. La primera estuvo a cargo del ensamblador José Maestre, entre 1.721 y 1.724. La segunda etapa fue la reforma realizada por Manuel Barrera y Carmona en 1.786, quien rehizo el retablo por completo, introduciendo nuevas columnas y retocando la ornamentación.







 Primer cuerpo del retablo, con el Cristo de los Afligidos, acompañado de san Sebastián (izquierda) y san Roque (derecha).

Segundo cuerpo y ático del retablo.


 El motivo central representa la Coronación de la Virgen, flanqueada por san Lorenzo y san Juan Bautista. En el medallón central aparece san Jerónimo y, en el ático, san Miguel, con representaciones de las virtudes de la Fortaleza y la Templanza a sus lados.






Ocupa la hornacina central el Nazareno de los Afligidos o de las Ánimas, realizado en 1.635 por el imaginero Gaspar Ginés. De la etapa de Maestre son los santos Sebastián y Roque,




 el relieve de la Coronación de la Virgen y las virtudes Fortaleza y Templanza, que aparecen recostadas en la cornisa del ático. En los laterales del segundo cuerpo aparecen san Lorenzo y san Juan Bautista.



 Los dos relieves de las Ánimas en el banco del retablo son obra de Juan Bautista Padrone, 1.787. La Dolorosa que se encuentra en la hornacina central del banco se atribuye a Cristóbal Ramos.







 En el muro del retablo, coronado por el Arcángel San Miguel, han aparecido restos de un conjunto de pinturas murales con imágenes del Purgatorio, la Flagelación de Cristo y la Aparición en el huerto de los olivos.




 La siguiente capilla es conocida por el sobrenombre de “La Apoteosis del Barroco”, y no es otra que


la Capilla Sacramental y retablo de Nuestro Padre Jesús de la Pasión.
 Antes que nada, comentar que esta capilla tiene truco. La parte exterior, cerrada con una verja de hierro se visita desde la nave del Evangelio, pero al camarín en el que se encuentra Nuestro Señor de Pasión, se accede por una puerta lateral que se abre en la sala de venta de recuerdos que hay en el Patio de los Naranjos.


 Volvamos atrás casi tres siglos y veamos cómo se gestó esta magna obra. En el año 1.726, el Maestro Diocesiano Diego Antonio Díaz analizó una propuesta para la construcción de una nueva Capilla Sacramental y de la Hermandad de las Ánimas que sustituyera a la antigua.
Frente a la idea primitiva de crear una iglesia en miniatura, paralela a la Gran Colegial (al estilo de la Capilla del Sagrario de la Catedral), Diego Antonio Díaz recomendó que el Sagrario se localizara en la prolongación del crucero de la iglesia, simétricamente al conjunto de la Virgen de las Aguas. De esta forma, aunque la profundidad del espacio para el culto fuera inferior, se aprovechaba visualmente todo el crucero como prolongación virtual del Sagrario.
También propuso que la conexión entre la Colegiata y la Capilla Sacramental se realizara a través del arco que hoy existe y que tiene adosado el gran retablo-portada de Cayetano de Acosta.


 Tiene forma de templete suspendido en homenaje al Cuerpo de Cristo, estando soportado por cuatro grandes columnas adosadas.
Las imágenes de la hornacina alta están inspiradas en el Antiguo Testamento, y desarrollan una escena de adoración y ofrenda de panes eucarísticos al Arca de la Alianza y Cordero Pascual, con Moisés, Aarón, Melquisedec, un Pontífice, un Cardenal, un Obispo y un Doctor de la Iglesia.

Igualmente, todo el retablo está cuajado de una corte celestial de ángeles y arcángeles.

 En la cúspide la estructura, el Padre Eterno, de poderosa factura, reina desde los cielos.
 Sobre los altares laterales se sitúan las esculturas de la Virgen del Voto y san José,




albergándose en las calles laterales imágenes de san Felipe Neri y san Francisco de Sales.




 El primitivo retablo interior de la Capilla Sacramental fue labrado por Cayetano de Acosta en 1.756. Se instaló frente a la gran ventana que daba al Patio de los Naranjos, que se cegó en los años 50 del siglo pasado, y que, en origen, conseguía un efecto de “transparencia” o contraluz para la Custodia Eucarística, de forma que creaba un conseguido dramatismo que se ha recuperado en la reciente restauración.
 Este retablo fue destruido por un devastador incendio en 1.905; en su lugar se colocó uno nuevo, de madera labrada y dorada, que en 1.958 fue vendido a la Prioral del Puerto de Santa María.

 Se sustituyó por el que vemos hoy, de plata, propiedad de los jesuitas, que fue concedido a la Colegiata tras la expulsión de éstos en el siglo XVIII. Es obra del platero Tomás Sánchez Reciente, fechado en 1.753, mostrando una gran custodia a los pies del Cristo.

 En los pedestales laterales se colocaron las imágenes de la Virgen de la Merced y de san Juan Evangelista.



 La reconstrucción de los daños del incendio fue realizada por Juan Talavera de la Vega, transformando los grandes estípites bulbosos originales en pilastras decoradas y sustituyendo la bóveda elíptica por otra de aristas.


 Subsisten del incendio de la capilla las portadas labradas por Vicente Bengoechea con esculturas de Cayetano de Acosta que muestran a los arcángeles san Miguel y san Rafael, con otros ángeles que muestran motivos eucarísticos.






Estas portadas, de mármol y complicada geometría, enmarcan unas extraordinarias puertas de carpintería mudéjar.



 En los muros laterales están colgados dos grandes lienzos que representan a la Inmaculada y a San Carlos Borromeo con los apestados de Milán, pintados en Sevilla por Tovar Villalva en 1.911.






 En la hornacina central de la capilla, nos aguarda el Cristo de Pasión, imagen en madera esculpida al natural. Es un nazareno de cedro, obra de Martínez Montañés, según testimonio de fray Juan Guerrero, fraile mercedario contemporáneo suyo, y está policromado por Francisco Pacheco, suegro de Velázquez.


Se le refleja en actitud de caminar, con el pie izquierdo apoyado en tierra, mientras el derecho se levanta, y el dedo primero roza levemente el suelo, posición que le ha provocado más de una vez cierta inestabilidad. No se trata de un Cristo de Dolores sangrante, ya que simboliza la resignación. La advocación se relaciona con la de una cofradía de Valladolid que en 1.577 recogía los dolores, afrentas y tormentos, sufridos por Cristo durante la Pasión.

 A los lados del arco en el que se encuentra Jesús de la Pasión se hallan dos bustos de madera con las efigies de san Ignacio de Loyola



y san Francisco Javier, ambos jesuitas.





 En la coronación del arco de cierre aparecen las figuras de la Fe, Esperanza y Caridad.


 Este retablo portátil, que se colocaba todos los años en la Plaza del Salvador con motivo de la procesión del Corpus, se ubicó definitivamente en la Capilla Sacramental en los años 50 del siglo pasado. Continuando nuestro recorrido hacia la puerta de salida, encontramos dos nuevos retablos. El de la izquierda es el


  Retablo de Santa Ana.


El grupo escultórico de Santa Ana enseñando a leer a la Virgen fue tallado por José Montes de Oca en 1.714.

 La iconografía de Santa Ana y la Virgen niña es un tema recurrente en la producción de este artista sevillano. Estas representaciones presentando a Santa Ana como maestra y preceptora abundaron desde el siglo XVII.

 Las imágenes del cuerpo bajo corresponden a san Joaquín y san Antonio.
Bajo ellas, dos santas pintadas sobre tabla; la que luce hábito de monja es santa Teresa de Jesús.





Cuerpo superior del Retablo de Santa Ana, con la Virgen del Carmen, san Leandro (izquierda) y san Isidoro (derecha).
 A la izquierda de este retablo se encuentra


 Retablo de la Virgen del Rocío.


 Fue labrado por José Maestre entre 1.718 y 1.731, período en el que recibió varios encargos para “vestir” a la Colegial, que se encontraba prácticamente vacía desde su inauguración en 1.712.


stá presidido por una imagen moderna de la Virgen del Rocío, obra de Sebastián Santos Rojas, imagen que preside la peregrinación anual que se hace todos los años en la romería hacia las marismas.

 Precisamente, a la izquierda de este retablo podemos observar el



Retablo del Simpecado de la Virgen del Rocío.


 De reciente factura, es obra del escultor Fernando Aguado, tallado por Francisco Verdugo y dorado por David de Paz.
 El estandarte de la Hermandad del Rocío del Salvador, también llamada Hermandad de Sevilla, fue bordado en los talleres de doña Esperanza Elena Caro, insigne artesana de gran sabor sevillano.



 En el banco hay una pequeña hornacina que contiene un pequeño grupo escultórico de plata con las santas Justas y Rufina custodiando, como es habitual, a la Giralda.


 Este conjunto remata habitualmente la carreta de la Virgen que hace el camino todos los años al santuario almonteño.


*Retablo de la Virgen de la Antigua:


 Es una réplica de la famosa Virgen situada en la capilla del mismo nombre de la Catedral de Sevilla. El cuadro fue pintado en 1715 y está atribuido a Juan Ruiz Soriano.
 Esta Virgen fue muy importante en América. Cristobal Colón fue muy devoto de esta imagen.


 Las figuras del último cuerpo son un San Blas de la segunda mitad del S.XVII y una pareja de santas mártires, Santa Lucía y Santa Agueda de finales del mismo siglo.

 La imagen del nicho inferior es un San Antonio de Padua.




miércoles, 8 de febrero de 2017

IGLESIA DEL SALVADR, SU EXTERIOR


Imagen relacionada

El edificio original de la iglesia del Salvador resistió hasta 1.671, muy dañado por los estragos del tiempo y por los terremotos. Ese año, el arzobispo Antonio de Paino, durante una visita que hace a la Virgen de las Aguas, comprueba el estado ruinoso del edificio y ordena su demolición.


Se construyeron dos templos cristianos después de la mezquita. El primero, que contó con la colaboración de Bernardo Simón de Pineda y Pedro Roldán y la dirección de Esteban García, fue construido de nueva planta en cinco años, de 1.674 a 1.679, un plazo de tiempo muy breve en esa época.
La financiación del templo se realizó mediante limosnas recogidas entre la feligresía y con importantes apoyos de las rentas de la Colegial e Iglesia de Sevilla. El día 24 de octubre de 1.679, con el edificio casi terminado, a las cuatro de la mañana, el templo se hundió totalmente, dejando sólo los muros exteriores.


El segundo templo respetaba la planimetría del edificio hundido, esto es, las cimentaciones correspondientes a las tres naves del templo. Se consultó el nuevo proyecto a Eufrasio López de Rojas, maestro mayor de la Catedral de Jaén, insistiendo, como es natural, en la seguridad y estabilidad del nuevo edificio. También se llamó a José Granados, responsable entonces de las obras de la Catedral de Granada. Finalmente, las obras concluyeron en 1.719.

El día 28 de Junio de 1852, en virtud del Concordato entre Isabel II y la Santa Sede se suprimió el carácter de Colegial, quedando el Salvador reducido a una parroquia más de Sevilla. Esto supuso un importante cambio del estatus religioso y económico del edificio: al suprimirse su carácter colegial, el coro se hizo innecesario.
Ya el 28 de Junio de 1861 los clérigos encargados de la parroquia solicitaban al Cardenal Arzobispo la supresión del coro



A mediados del siglo XIX la iglesia cambió de rango, pasando de colegial a parroquia, lo cual supuso el comienzo de una nueva serie de obras para adecuarla a su nuevo cometido, perdiendo además parte de su patrimonio artístico.

 Más tarde volvería a ser sometida a un profundo trabajo de restauración que ha finalizado a principios de 2008 devolviendo al templo todo su esplendor.

File:Iglesia del Salvador 001 - Sevilla.jpg

FACHADA

De estilo barroco, la Iglesia del Salvador presenta tres portadas, correspondientes a las tres naves del edificio, siendo más alta la central, en cuyo centro se disponen dos ángeles que sujetan un escudo con el Agnus Dei.


 En cada una de ellas se dispone una ventana circular, más grande la central.


 Las tres naves están separadas por dobles pilastras, que se repiten en los extremos.Portada izquierda



Portada  derecha

 Corona el conjunto una gran espadaña rematada por un frontón y una cruz de forja.








A mediado del siglo XIX se concluyeron las tres portadas de su fachada principal, que fueron enmarcadas según el diseño del escultor Diego López en 1889.



En 1896, se instaló en su frente la verja de hierro fundido como elemento de aislamiento y protección.

Entre las rejas que cierran el compás del Salvador y sus muros, se erige la pequeña Capilla del Carmen.


 Es de pequeño tamaño y si nos fijamos podremos ver el escudo del Carmelo sobre el entablamento de dicha capilla. En la actualidad muestra una imagen de la Inmaculada, sin más adornos.

Inmaculada de la Capilla


Siguiendo por el exterior de la Iglesia del Salvador en dirección a Cuesta del Rosario, llegamos a la confluencia de la Plaza con Villegas.




 Allí encontramos un chaflán en el que se enmarca una sencilla cruz de madera (la Cruz de las Culebras), bajo la cual figura el bando del rey Juan II de Castilla ya comentado en la Leyenda del Hombre del Piedra, como narrábamos en la entrada
 http://leyendasdesevilla.blogspot.com/2011/01/leyenda-del-hombre-de-piedra.html




Lápida con las órdenes del rey don Juan en la que se indica la obligación de arrodillarse ante el Santísimo Sacramento.


 Girando esa esquina podremos observar el magnífico retablo cerámico del Santo Cristo del Amor, titular de la cofradía del mismo nombre, obra de 1.930 de Enrique Mármol Rodrigo. Es el más grande de los retablos existentes en Sevilla pues reproduce al Cristo a su tamaño real. De gran mérito también es el tejaroz de madera que lo resguarda.








CAMPANARIO

Archivo:Iglesia del Salvador 003.jpg
El campanario cristiano sobre el alminar almohade, con un cuerpo gótico y otro barroco superior.




 por la portada que da a la Plaza del Salvador, no sin antes detenernos ante la efigie colocada en la Plaza de Martínez Montañés.

 Como ha ocurrido con otros monumentos sevillanos, ha tenido diferentes ubicaciones; originariamente se instaló en la Plaza del Salvador, en 1.965 fue llevado a la esquina de la Catedral de Sevilla, frente al Archivo de Indias, bajo el magnolio gigante que allí se encuentra. Su estancia allí fue efímera pues a principios de los años ochenta volvió al Salvador.

Llama la atención que su colocación en dicha Plaza no está en el centro de la misma como seria lo habitual de un monumento sino que esta en uno de sus lados, facilitando el transitado transito peatonal por la misma ,así como de las muchas procesiones de Semana Santa y del Corpus.
 Una leyenda sevillana afirma que se colocó en ese preciso lugar porque allí era donde el Maestro de colocaba todos los años para ver salir su Señor de Pasión.