miércoles, 30 de marzo de 2022

ÚLTIMA CENA 2, INSTITUCIÓN DE LA EUCARISTÍA

 — «LO QUE HACES, HAZLO PRONTO»
 Con mirada escrutadora de las almas, ve Jesús el crimen horrendo de un escogido para la excelsa dignidad de Apóstol; ve su Pasión amarguísima, acelerada por este crimen; ve el suicidio desesperado de Judas.

Ayuntamiento de Zaragoza. Turismo. Semana Santa
 Entonces profundamente conmovido, dijo: —Os aseguro que uno de vosotros me entregará.

 Espantados se miran mutuamente, temiendo cada uno encontrar en el rostro del compañero la lividez acusadora del crimen.

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 Su conciencia de nada los remuerde, pero más se fían de la palabra de Jesús, y al fin pueden hablar, y uno tras uno, y «entristeciéndose mucho» porque mucho le aman, le preguntan: —Señor, ¿soy acaso yo? ¿Soy yo? A modo de respuesta, Jesús repite la terrible profecía, ponderando toda la maldad encerrada en semejante traición: —Uno de vosotros, uno que está conmigo...
en su deseo de llegar al corazón de Judas, anuncia el pavoroso castigo que le amenaza. —El Hijo del hombre se va, según está decretado. Mas ¡ay de aquel hombre por quien el Hijo del hombre será entregado!

Hermandad de la Sagrada Cena (Córdoba) - Wikipedia, la ...


 ¡Mas le valiera no haber nacido!
¡Mas le valiera no haber nacido!
Judas  pregunta también: —¿Soy yo acaso, Maestro? Yo creo que su respiración estaría en suspenso aguardando la respuesta. Jesús le dice en voz baja: —Tú lo has dicho: tú eres.
Pasos y Palios: SANTA CENA DE ZAMORA


 ¡Y tampoco se echó entonces Judas al suelo, llorando a los pies de quien hubiera llorado con él! La fidelidad vehemente de Pedro no puede soportar el pensamiento de que este sentado en su misma mesa un traidor a Jesús. Quiere saber quién es.


Uno de los discípulos, aquel a quien Jesús amaba —así nos cuenta sencillamente San Juan, que era ese discípulo—, estaba a la mesa, recostado a la derecha de Jesús. Simón Pedro le hizo señas para que averiguase por quién lo decía.
Semana Santa de Jerez 2011. Lunes Santo | Truman in the world
Entonces él, apoyándose en el pecho de Jesús, le preguntó: —Señor, ¿quién es?

¡Dulce intimidad de amigo que quiere conocer la pena de su amigo para consolarle! El Corazón de Jesús se conmovió agradecido ante aquella pregunta llena de amor, y en prueba de que aceptaba el consuelo ofrecido por el amado discípulo, le comunica su pena descubriéndole quién es el traidor. Pero, siempre delicado, siempre noble, no quiere decirle el nombre, sino solamente darle una señal, para que así Juan entienda que a nadie lo debe descubrir.

Le contestó Jesús: —Aquél a quien yo daré este trozo de pan untado. Y tomó un pedazo de pan, lo mojó en la salsa, y extendió la mano. Con qué emoción contenida miraría Juan la mano de Jesús para ver a quién de los Doce se acercaba...
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 Y se acercó a Judas, hijo de Simón lscariote, y le dio el pan. Esto fue para Judas un obsequio, una nueva delicadeza de Jesús. Para Juan fue el descubrimiento aterrador.

Tenía al criminal frente e frente. Fijo en él sus ojos doloridos. Y la mirada penetrante del discípulo virgen vio no sé que en la cara del discípulo perverso.

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 Entonces, al ver Jesús que nada ha conseguido, quiere quedarse solo con los suyos, libre de quien le atormenta con sólo estar presente. Y le dice: —Lo que piensas hacer, hazlo pronto.

No era empujarlo al crimen. Era una nueva invitación. Era advertirle que lo sabía todo, y que si no quería arrepentirse, debía marchar de allí.
 Y el desgraciado Judas estaba deseando ese momento. Se levantó en seguida. Ninguno de los comensales entendió a qué se refería Jesús. Como Judas guardaba la bolsa, algunos suponían que Jesús le encargaba comprar lo necesario para la fiesta o dar algo a los pobres.

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. — «TOMAD Y COMED»


 En cuanto Jesús se vio libre de la presencia del traidor, parece que no quiso disimular el descanso que sentía: —Ahora es glorificado el Hijo del hombre, y Dios es glorificado en él...


Lavose las manos, manos honradas de carpintero, manos limpias de sacerdote, manos que bendecían...

Tomó una copa de vino ligeramente aguado y la bendijo. —Bendito seas, Señor, Dios nuestro, que has creado el fruto de la vid —recitaba pausadamente, según los ritos de la cena pascual.

 Bebió un poco, y ofreció la copa a Pedro para que circulara por todos, diciéndoles:



 —Tomad esto, repartidlo entre vosotros; porque os digo que no beberé desde ahora del fruto de la vid hasta que venga el Reino de Dios.


 Se colocó el cordero. Venia extendido en dos palos sujetos en forma de cruz. Jesús sabía quién iba a ser mañana el verdadero Cordero sacrificado por los pecados del mundo. Lo despedazó con delicadeza, lo bendijo y lo distribuyó entre sus discípulos.

Llegó entonces el momento cumbre de los siglos. El momento que jamás se hubieran atrevido a imaginar ni los Santos ni los Ángeles.
El momento de la infinita generosidad de Dios.

Tomó Jesús un pedazo de pan de los que quedaban sobre la mesa, levantó los ojos a su Padre, le dio gracias, partió el pan, lo bendijo y lo dio a sus discípulos, diciendo:

 —Tomad y comed: Esto es mi Cuerpo, entregado por vosotros.
 Del mismo modo tomó el cáliz, dio gracias y se lo entregó, diciendo:
 —Bebed de él todos. Porque esta es mi Sangre, Sangre de la Nueva Alianza, que por vosotros y por muchos será derramada para remisión de los pecados. Haced esto para acordaros de mí

 Este es mi Cuerpo... Esta es mi Sangre... Palabras sencillas y terminantes, que tienen un único sentido: aquello que parece pan, es el Cuerpo de Jesús; aquello que parece vino, es la Sangre de Jesús. El lo puede todo porque es Dios.

Historia - Hermandad de Jesús en el Calvario y Santa Cena. Totana

Ahora dice ante el pan: Esto es mi Cuerpo, y el pan se convierte en el Cuerpo de Jesús. Queda el gusto de pan, queda el color, queda el peso: pero ya no es pan. Es el Cuerpo de Jesucristo, el mismo Cuerpo que esta sentado a la mesa. Y con el Cuerpo están la Sangre, el Alma y la Divinidad. Dice después ante el vino: Esta es mi Sangre. Y el vino se convierte en la Sangre de Jesús. Queda el color y el gusto del vino; pero ya no es vino. Es la Sangre del Hijo de Dios. Y con la Sangre están el Cuerpo, el Alma y la Divinidad.


  En esta primera consagración —y en las consagraciones que se sucederán por los siglos de los siglos— Jesús realiza un prodigio, mejor dicho, una serie de prodigios, que sólo Dios puede realizar. Y los Once creen sin dudar ni un momento. Ellos, hace un año, le habían oído decir «Os daré a comer mi cuerpo, os daré a beber mi sangre.» Creyeron que Jesús cumpliría esta promesa, pero no sabían de qué manera.

Comentario del El Drama de Jesús


martes, 29 de marzo de 2022

TRASLADO DEL SACROMONTE A LA IGLESIA DEL SAGRADO CORAZÓN

 


La Cofradía del Santísimo Cristo del Consuelo y María Santísima del Sacromonte celebró el traslado de sus titulares en este último fin de semana de marzo hacia la iglesia del Sagrado Corazón. 



Confían en poder volver a ofrecer uno de los tránsitos más esperados de la Semana Santa, como es la de sus titulares por el Paseo de los Tristes y el Camino del Sacromonte del Miércoles Santo. 

 Con cierta ansiedad y con los ojos mirando al cielo por la lluvia, los hermanos de la Cofradía del Consuelo y el Sacromonte salieron el pasado 26 de marzo desde lo alto del Monte de Valparaíso para llevar a cabo el traslado de sus titulares a la iglesia del Sagrado Corazón.

 Esta figura, más conocida como El Cristo de los gitanos, volvió a arrancar las lágrimas de algunos granadinos, que llevaban al menos dos años sin ver su figura procesionar solemnemente por las calles de la ciudad. 



 “La gente me transmite una ilusión tremenda por el regreso de la procesión del Miércoles Santo, pues hay mucha devoción al Cristo del Consuelo y a la Virgen del Sacromonte”, dice su Hermano Mayor, Francisco López. “Sube bastante gente a la abadía, y el día de nuestra salida y de nuestro traslado, la aglomeración de gente que nos acompaña es innumerable”. 




 Como todas las hermandades, la del Consuelo y Sacromonte se ha ido preparando con controles de antígenos en cada uno de los ensayos con sus costaleros. La ilusión es tan grande que cada uno de estos ensayos se vive como si fuera un Miércoles Santo. “Se ha hecho un esfuerzo muy grande en intensificar la piedad de los hermanos”, dice el consiliario, D. Antonio Fernández Siles. “Vivimos tanto la oración como la caridad, concretamente con nuestra colaboración de ayuda a los necesitados de la guerra en Ucrania”. 


 CHUPETE DE PLATA 

 Esta hermandad tiene una estrecha relación con varias de las pastorales de la archidiócesis de Granada. Además del regreso de esta procesión por el camino hacia el Sacromonte, una de las novedades de este año tiene que ver con su colaboración con Proyecto Ángel de la Pastoral Familiar de Granada. 


La figura de María Santísima del Sacromonte portará este año un chupete de plata, además de los nombres de ocho bajo el manto de la Virgen, en conmemoración de todos los niños salvados de embarazos en situaciones difíciles por Proyecto Ángel. Un detalle que algunos podrán apreciar con la salida de los pasos desde el Sagrado Corazón el 13 de marzo a las 16:45 horas. 


Y YA .....A LA CAIDA DE LA TARDE






 Si la climatología no lo impide, el recorrido será el mismo de antes de la pandemia, desde Gran Vía, plaza Isabel la Católica, pasando por San Matías, Ganivet, Alhóndiga, Jáudenes, Marqués de Gerona, Pasiegas y Catedral. Allí se celebrará un rato de oración junto al arzobispo de Granada, antes de su salida por la Puerta del Perdón en su regreso hacia Gran Vía, hacia la Plaza Nueva, Carrera del Darro, Paseo de los Tristes, Cuesta del Chapiz y Camino del Sacromonte hasta su llegada de madrugada a la Abadía del Sacromonte.

LA ULTIMA CENA,I

. — «LOS AMÓ HASTA LO ÚLTIMO»

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Notó el Señor que los Doce, tal vez al momento de colocarse en sus puestos, discutían sobre quién sería el primero de todos. Tres años lleven en su escuela y todavía no han aprendido la primera lección. Jesús les avisa mansamente:

Jesús y Juan (detalle)

 —El primero entre vosotros pórtese como el menor, y el que gobierna como el que sirve. Porque ¿quién es más, el que está a la mesa o el que sirve? ¿Verdad que el que está a la mesa? Pues yo estoy en medio de vosotros como el que sirve. Pero no quería el Señor que en aquellos últimos momentos se quedasen con la pena de una reprensión. Por eso les dice con cariño:


—Vosotros sois los que habéis perseverado conmigo en mis pruebas, y yo os transmito el Reino como me lo transmitió mi Padre a mí: comeréis y beberéis a mi mesa en mi Reino, y os sentareis en tronos para regir a las doce tribus de Israel.

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Y lo que entonces ocurrió, nos lo cuenta San Juan, el discípulo a quien amaba Jesús, en una página que todavía conserva la sublime emoción que él mismo sintió al presenciarlo. Antes de la fiesta de la Pascua, sabiendo Jesús que había llegado la hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo.


Estaban cenando, ya el diablo había metido en la cabeza a Judas Iscariote, el de Simón, que lo entregara, y Jesús, sabiendo que el Padre había puesto todo en sus manos, que venía de Dios y a Dios volvía, se levanta de la cena, se quita el manto y, tomando una toalla, se la ciñe; luego echa agua en la jofaina y se pone a lavar los pies a los discípulos, secándoselos con la toalla que se había ceñido. Llega a Simón Pedro y éste le dice:






—Señor, ¿lavarme los pies tú a mí? Jesús le replicó: —Lo que yo hago, tú no lo entiendes ahora, pero lo comprenderás más tarde. Pedro le dice: —No me lavarás los pies jamás. Jesús le contestó: —Si no te lavo, no tienes nada que ver conmigo. Simón Pedro le dice: —Señor, no sólo los pies; sino también las manos y la cabeza.


Jesús le dice: —Uno que se ha bañado no necesita lavarse más que los pies, porque todo él está limpio. También vosotros estáis limpios, aunque no todos. (Porque sabía quién lo iba a entregar, por eso dijo: «No todos estáis limpios».)

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Cuando acabó de lavarles los pies, tomó el manto, se lo puso otra vez y les dijo: —¿Comprendéis lo que he hecho con vosotros? Vosotros me llamáis «El Maestro» y «El Señor», y decís bien, porque lo soy. Pues si yo, el Maestro y el Señor, os he lavado los pies, también vosotros debéis lavaros los pies unos a otros: os he dado ejemplo para que lo que yo he hecho con vosotros, vosotros también lo hagáis. Ya que sabéis estas cosas, felices seréis si las cumplís.
 



Y viendo que no todos serán felices porque no todos las cumplirán, añade: —No lo digo por todos. Yo sé a quiénes he elegido. Pero así quedara cumplida la Escritura, que dice: «El que come mi pan conmigo, levantará su pie contra mi. Como espina en el corazón clavada, siente Jesús la traición de Judas allí presente. Aprovecha los momentos para darle a entender que lo sabe todo y para invitarle a la conversión:

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—Os hablo así ahora, antes de que suceda, para que cuando suceda, conozcáis que soy yo. Misteriosamente pone ante los ojos del ingrato la enormidad del crimen que maquina, añadiendo: —Quien recibe al que yo envío, a mí me recibe. Y quien me recibe a mí, recibe al que me ha enviado. Los Apóstoles sólo entienden el sentido de estas palabras, que para ellos contienen motivo de consolación, pues ellos han recibido a Jesús. Pero Judas puede entender algo más: si recibir a Jesús, es recibir al Padre que le ha enviado, entregar e Jesús, será entregar al Padre, entregar a Dios. Mas tiene el corazón endurecido, y no renuncia a realizar la entrega que prometió en un momento de ambición apasionada.


¡Cómo duele al Corazón generoso del Maestro la presencia del traidor! Le he lavado los pies como a los demás. Acaso con más cariño que a los demás.


Acaso mientras le lavaba, procuró que su mirada serena se encontrase con las del traidor que nerviosamente las dirigía a otra parte. Le invitara de nuevo al arrepentimiento, y al ver que nada logra, tendrá que decirle que se marche: ¡Es demasiado santa la Primera Misa del mundo para que sea profanada por el aliento de un sacrílego!

Comentario, El Drama de Jesús

domingo, 27 de marzo de 2022

COFRADÍA DESPOJADO DE VALLADOLID

 Nuestra Señora de la Amargura de la Cofradía Despojado Valladolid ya preparada en la Catedral para su Procesión extraordinaria de hoy.







COFRADÍA DESPOJADO DE VALLADOLID

 


La señal inequívoca de que el sábado se acerca... La rampa de la Santa Iglesia Catedral ya instalada para la Procesión Extraordinaria de los Siete Dolores de la Virgen. Por ella, Nuestra Señora de la Amargura bajará el sábado para volver a las calles de Valladolid con el fin de agradecer a quienes han luchado contra la pandemia que estamos viviendo.



SÁBADO 26 
18 h.: Eucaristía de Acción de Gracias en la Catedral. 

19 h. (aprox.): Procesión de los Siete Dolores de Nuestra Señora, desde la Catedrsl hasta San Andrés.




A falta del sudario y el exorno floral, Nuestra Señora de la Amargura ya se encuentra entronizada sobre su nuevo paso procesional, realizado íntegramente bajo la técnica de la orfebrería repujada y cincelado a mano. 





 El dibujo de la canastilla está totalmente basado en motivos vegetales, culminado con un baño en plata de ley.




 En cada lado del paso podemos observar una capilla, y en ellas prqueñas imágenes de los evangelista, realizados en madera policromada. La frontal está presidida por la imagen de San Juan. La trasera por San Mateo. En el lateral izquierdo se encuentra San Lucas, y en el derecho San Marcos. 






 En la parte superior, bajo la imagen de la Virgen, se encuentra una rica y trabajada peana de orfebrería, realizada en forma trapezoidal y en cuyo interior se aloja la peana original de la talla. Completa el conjunto 4 candelabros de estilo arbórea con 6 tulipas cada uno, rematadas por coronilla en orfebrería con baño de plata. Por último, tras la imagen de la Virgen se encuentra la nueva Cruz, policromada por nuestro Hermano de Honor D. Miguel Ángel Soria, quien también es autor del "Titulus Crucis" o INRI, realizado al estilo antiguo para adaptarse mejor a lo descrito en los evangelios. También se estrena el sudario que cuelga de la Cruz. 







 Así mismo, la imagen de Nuestra Señora de la Amargura luce su nueva diadema, en estilo barroco calado y repujado, cincelada a mano y bañada en plata de ley. 18 estrellas con pedrería escoltan en la ráfaga a la Cruz central. La diadema ha debido adaptarse a los pliegues que la propia imagen tiene en el manto, ya que ésta ha sido colocada en la parte central de la cabeza.

LA PASCUA, ÚLTIMA CENA

La palabra Pascua viene de la aramea phase y significa paso. Todos los años celebraban los judíos esta fiesta con extraordinaria solemnidad, para recordar cómo pasó el Ángel del Señor por las casas de sus opresores, los egipcios, para ponerlos a ellos en libertad.

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 Eran muchos siglos antes de Jesucristo. Los hijos de Israel se veían reducidos a la esclavitud por los Faraones de Egipto. El hombre escogido por Dios para salvar el pueblo, Moisés, ha pedido varias veces, y siempre en vano, que el Faraón los deje marchar en paz a ocupar la tierra que el Señor ha prometido a los israelitas.

 El tirano quiere tenerlos a su servicio.
 Al fin toma Dios mismo la defensa de su pueblo.  Y por eso les da una orden terminante, por medio de Moisés:

 «Este mes será para vosotros el principal de los meses; el primer mes del año... Que cada uno tome un cordero por familia... Lo guardaréis hasta el catorce de este mes, y entonces toda la gente de Israel lo sacrificará... recogeréis su sangre, y con ella marcaréis las puertas de vuestras casas. Se comerá la carne ese día: la comeréis asada al fuego, con panes sin levadura y con hierbas amargas... la comeréis así: ceñida la cintura, calzados los pies con sandalias, bastón en mano y deprisa. Porque es la Pascua, esto es, el paso del Señor. Yo pasaré de noche por el país de Egipto, y heriré de muerte a todos los primogénitos de Egipto. Yo soy el Señor
 La sangre será una señal en vuestro favor en las casas en que estéis. Yo veré la sangre y pasaré por alto de vosotros y no habrá para vosotros plaga de muerte, cuando yo castigue al país de Egipto. Conservaréis el recuerdo de este día y lo celebraréis de generación en generación, y será una fiesta perpetua.


Este es el origen de la Pascua, la fiesta mas sagrada y significativa de Israel, profecía viva de la inmolación del Cordero de Dios, que había de quitar los pecados del mundo, y que inmolado por nuestro amor había de ser la nueva y verdadera Pascua de los cristianos, nuestra Pascua.

Llegó, pues, la Pascua, los días del culto a Dios y del cariño familiar. Jesús quiere celebrarla con sus amigos muy queridos: quiere beber el vino con ellos, antes de abrasarse de sed en la cruz, quiere reclinarse con ellos a la mesa, antes de ser puesto en la piedra del sepulcro.


Llamó, pues, a dos de sus discípulos. Pedro y Juan, en la mañana del jueves, que era el primer día de los Panes sin levadura, y que iba a ser el primer Jueves Santo, y les dijo:

 —Id a la ciudad, y al entrar en ella, encontraréis a un hombre llevando un cántaro de agua. Seguidle hasta la casa en que entre, y allí diréis al dueño de ella: «El Maestro te dice: Mi tiempo está cerca: ¿dónde está el aposento en que he de comer la Pascua con mis discípulos?» Y él os enseñará en lo alto de la casa un comedor espacioso y alfombrado. Preparad allí. 

Santa Cena - Detalle del Paso

No sabemos quién era este hombre del cántaro. Jesús conocía dese lejos su corazón y sabía que al oír el delicado mensaje del Maestro: «Mi tiempo esta próximo: llega el día de mi muerte», abriría su casa y ofrecería su estancia mejor. ¿Quién niega favor semejante a un moribundo, que por última vez quiere reunirse con sus amigos?

Llegan los discípulos a la ciudad, hallan al hombre del cántaro y todo lo preparan en la casa: el cordero asado, los panes sin levadura, las lechugas agrestes, el vino en un jarro, el agua caliente y la salsa roja, haroset, hecha con manzanas, higos y limones cocidos en vinagre y condimentados con canela.
 Su color de ladrillo les recordaba la arcilla con que trabajaban en su esclavitud de Egipto y la libertad que el Señor les concedió.

Palafrenero (detalle)

 Sobre la mesa cubierta con lienzo blanco ponen los candelabros, los platos para los trece y una sola copa de la que todos habían de beber. Alrededor de la mesa, los divanes en que habían de reclinarse los convidados, conforme a la costumbre oriental. De nada se olvidan Pedro y Juan. Desde niños habían asistido a estos preparativos sagrados, siguiendo a sus madres con miradas de curiosidad y de alegría.


 Cuando todo lo tienen dispuesto, se asoman a las ventanas para verlos venir...


A la puesta del sol, llegan los otros diez con Jesús. Entran en silencio a celebrar devotamente la cena sagrada. Si supieran lo que en esta cena van a recibir... Tal vez recuerdan conmovidos la palabra que les dijera Jesús hace dos día: «Se celebrará la Pascua... Me crucificarán.»

Santa Cena Jaén.jpg

De pronto las grandes trompetas del Templo anuncian que ya es hora, y los trece se reclinan en sus puestos. Dos de ellos llevan en el alma una emoción mayor. Son los que van a morir pronto: Jesús Nazareno y Judas Iscariote. El Maestro y el Traidor. El Hijo de la Virgen y el engendro de Satanás.


Judas ha cerrado ya su contrato. Lleva encima los treinta dineros y procura apretarlos bien para que no suenen. Quiere aparecer tranquilo, pero le tortura el pensamiento de que Jesús tal vez ya lo sabe todo. Y si no lo sabe, ¿por qué le mira con esa mirada penetrante y dolorida?


Jesús aparece sereno. Su pena es interior y resignada. Es una pena inefable de quien es el único en conocer una traición gravísima que procurará evitar sin conseguirlo.
Recorre con sus ojos aquellos rostros que le rodean y lo miran. Son los Doce. Los amigos desde hace tres años. Con ellos ha comido muchas veces, con ellos ha sufrido el sol, con ellos ha descansado.

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 De pronto rompe el silencio y sin dejar de mirarlos, les dice una palabra que es un augusto retrato de la bondad de su Corazón y de la ternura de su amor:
—Con gran deseo he deseado celebrar esta Pascua con vosotros, antes de padecer...

Comentario, El Drama de Jesus