lunes, 17 de octubre de 2022

CELEBRACIÓN DE LA CORONACION DE NUESTRA SEÑORA DE LA PAZ DE CORDOBA

 



Sus cofrades han tenido que esperar varios años -más de lo esperados debido a la pandemia- pero este 15 de octubre (festividad de Santa Teresa de Jesús) quedará grabado con letras de oro en la historia de las hermandades y cofradías de Córdoba. María Santísima de la Paz y Esperanza, titular mariana de la corporación del mismo nombre, fue coronada este sábado de manera pontificia en la Mezquita-Catedral por el obispo de la diócesis de Córdoba, Demetrio Fernández. 


La solemne misa estacional de coronación,

 que dio comienzo a las 17:00 horas, contó con la presencia de más de un millar de invitados de distintas instituciones civiles y religiosas, así como de muchos hermanos y devotos, tras la cual el paso de palio con la imagen de la Paloma de Capuchinos emprendió un largo recorrido por distintos enclaves de la ciudad en una procesión extraordinaria triunfal que recorrió las calles de la ciudad hasta altas horas de la madrugada.

La misa estacional, presidida por el obispo de Córdoba, Demetrio Fernández, estuvo concelebrada por el Cabildo Catedral de Córdoba, los hermanos Capuchinos y el clero diocesano y contó con las voces del Coro de la Fundación Miguel Castillejo y la música del Cuarteto Averroes, quienes estuvieron coordinados y dirigidos por el barítono y director musical cordobés Ángel Jiménez. 

En el programa, además de otras piezas de especial relevancia, se interpretó la Misa de la Coronación en do mayor KV317 de Mozart. 











El momento álgido de la celebración llegó cuando el prelado se subió hasta el paso de palio presidido por la Virgen de la Paz y Esperanza para imponer la nueva corona de oro sobre las sienes de la imagen, obra del orfebre cordobés Manuel Valera, momento tras el cual el público presente rompió en una sentida y emocionante ovación.



















CORONACION DE NUESTRA SEÑORA DE LA PAZ DE CORDOBA




TITULAR DE LA HERMANDAD  PAZ Y ESPERANZA


Será esté sábado 15 de octubre,

cuando Córdoba se convierta en su corona. Las hojas del calendario fueron cayendo ya y queda a la vista el día más señalado.



 La hermandad dispuso a María Santísima de la Paz y Esperanza en el altar de cultos para el solemne triduo preparatorio de la coronación que comenzó el martes en la Santa Iglesia Catedral a partir de las ocho de la tarde. La verticalidad, la composición piramidal y una gran cantidad de puntos de luz marcaron este montaje junto al altar mayor. 

La hermandad dispuso a María Santísima de la Paz y Esperanza en el altar de cultos para el solemne triduo preparatorio de la coronación que comenzó el martes en la Santa Iglesia Catedral a partir de las ocho de la tarde. 

La verticalidad, la composición piramidal y una gran cantidad de puntos de luz marcaron este montaje junto al altar mayor.

 La primera misa estuvo presidida por Francisco Jesús Orozco, obispo de Guadix, que guarda un estrecho vínculo con Córdoba, pues fue ordenado sacerdote en esta ciudad y aquí fue vicario general de la diócesis.


 La Virgen de la Paz, vestida por Rafael Jódar como es habitual, portó para el triduo la saya de coronación donada por el grupo de devotos de la Paz (bordada por el propio Jódar) y un manto de tisú con bordados del siglo XIX y tocado de punto de aguja.


Se presentó en esta ocasión con una tiara donada por los hermanos de la Paz Alberto Padilla, Ignacio Arroyo y David Caballero. En el centro del pecho lució un camafeo donado por un hermano, realizado por Joyería Cuca Simón y pintura de Manuel Torrico.



La corona realizada en oro, oro blanco, cristal de roca y pedrería realizada por el cordobés Manuel Valera.

La Virgen llega a la catedral el 8 de octubre




La hermandad de la Paz de Córdoba, vive los días grandes en torno a la Coronación Canónica de su Dolorosa la Virgen de la Paz y Esperanza. El sábado 8 de octubre, tuvo lugar el traslado desde su sede canónica en la Plaza de Capuchinos, hasta la Mezquita-Catedral de la ciudad califal. Le acompaña musicalmente la Banda de Música de Arahal.





El sábado día 8 de octubre, en horario de 10:00 a 13:30 h, se abrirán las puertas de nuestra nave para que hermanos y devotos puedan rendir culto a María Santísima de la Paz y Esperanza antes de su traslado a la S.I.C. con motivo de la Coronación




SALIDA















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viernes, 30 de septiembre de 2022

SANTO ENTIERRO DE SEVILLA 2'23

Lista DEFINITIVA de los 15 pasos invitados para la celebración del Santo Entierro Grande de Sevilla 2023
Montesión 
Redención 
San Gonzalo 
Coronación de Espinas San Benito 
La Paz
 Pasión 
Palio Amargura 
Tres Caídas Triana 
La Exaltación 
Montserrat
 Cachorro 
San Bernardo
 Quinta Angustia 
Mortaja
Lista DEFINITIVA de los 15 pasos invitados para la celebración del Santo Entierro Grande de Sevilla 2023
Montesión
Redención
San Gonzalo
Coronación de Espinas
San Benito
La Paz
Pasión
Palio Amargura
Tres Caídas Triana
La Exaltación
Montserrat
Cachorro
San Bernardo
Quinta Angustia
Mortaja
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domingo, 22 de mayo de 2022

AL TERCER DÍA RESUCITO

 Se aparece, ante todo, a su Santísima Madre, inundando de gozo aquel corazón maternal, que había sido atravesado por espada de dolor. 











¡NO TEMÁIS! 

El alma de Jesús, llegada la mañana del domingo, penetra en el sepulcro, se une de nuevo con su cuerpo, lo reanima en un instante y lo reviste de gloria y hermosura ¡Aleluya!



 Como si fuese de luz sale Jesucristo a través de la roca, se lanza triunfalmente a campo abierto, resucitado y glorioso para nunca más morir. Se aparece, ante todo, a su Santísima Madre, inundando de gozo aquel corazón maternal, que había sido atravesado por espada de dolor. 

¡Día feliz! Ha terminado el duelo admirable con que pelearon la vida y la muerte. «El Rey de la vida, después de muerto, reina vivo.»






 Reina desde que ha muerto, y reina sobre todos los muertos y sobre la misma muerte. El mismo había dicho: «Yo doy mi vida para tomarla otra vez. Ninguno me la quita, sino que yo la doy por mí mismo, tengo poder para darla y poder para volver a tomarla. 

Entretanto un grupo de mujeres fieles camina hacia el sepulcro. Llevan vasos llenos de aromas, y se preguntan con inquietud quién les quitará la piedra que cierra la entrada. 




El sol ha salido ya. Lo primero que les sorprende al llegar es ver que la piedra esta corrida a un lado. Miran adentro: el sepulcro está vacío. 



Siéntense sobrecogidas. Entonces una de ellas, María Magdalena, más vehemente, más amante, corre a la ciudad y busca a los discípulos, acudiendo tal vez al Cenáculo, donde piensa que la Virgen María habrá ido llamando y recogiendo a los apóstoles huidos y también a Pedro, el apóstol cobarde y arrepentido Las otras mujeres perseveran ante el sepulcro. Y estando así consternadas, he aquí que se les aparece un joven vestido con una túnica blanca. Deslumbradas y llenas de espanto, inclinan la frente y no se atreven a mirar aquel maravilloso espectáculo. Mas el ángel, el mismo que había aterrado a los guardias, les dice:

 —No temáis vosotras. Porque ya sé que buscáis a Jesús Nazareno, el que fue crucificado. ¿Por qué buscáis al vivo entre los muertos? No está aquí; ha resucitado, como él dijo. Venid y ved el sitio en que pusieron al Señor. Acordaos de lo que os habló cuando estaba aún en Galilea, diciendo: Es necesario que el Hijo del hombre sea entregado en manos de los pecadores y crucificado y que al tercer día resucite. Id presto y decid a sus discípulos y a Pedro que ha resucitado, y que irá delante de vosotros a Galilea; allí le veréis, como él os lo dijo.



 Al oír estas palabras se acordaron las mujeres de las predicaciones de Jesús que antes no entendían o no creían. 

Y al punto salieron del monumento llenas de veneración y de alegría grande. Volvían presurosas a la ciudad.


 


NUESTRO SEÑOR HAS VENCIDO A LA MUERTE Y VIVES PARA SIEMPRE


sábado, 14 de mayo de 2022

TODO A TERMINADO Y SOLEDAD


 SOLEDAD

 Los judíos querían enterrar pronto los cuerpos de los ejecutados, para que no profanasen con su presencia la santidad del día siguiente, el gran sábado de la Pascua. 




Para rematar a los agonizantes en cruz, los verdugos romanos solían descoyuntarles y romperles los huesos de las rodillas a fuerza de mazazos.

 Así, el pecho ya no podía hacer fuerza con las piernas para henchirse de aire y respirar algo; todo el peso del cuerpo tiraba de los brazos para abajo: sobrevenía la muerte por asfixia. 

Este escalofriante golpe de gracia, llamado crurifragium fue aplicado a los dos ladrones. 

Pero al llegar a Jesús, viendo que ya había muerto, no le quebraron las piernas, sino que uno de los soldados con la lanza le traspasó el costado, y al punto salió sangre y agua. 



Por sus Profetas Isaías, Ezequiel y Zacarías había Dios prometido —según os expliqué en el capítulo 63— comunicarnos la vida manante del Corazón de su Hijo Primogénito —¡ la vida de Dios!—, comparándola al agua viva que salta de precioso manantial. 

Leímos aquellas palabras tales como las escribió en su Evangelio el Apóstol San Juan, que las oyó a Jesús en el Templo de Jerusalén, durante una fiesta judía. 

Ahora, en la tarde del Viernes Santo, cuando amanece la gran Fiesta de la Redención Universal, el mismo San Juan está viendo cómo saltan agua y sangre del Corazón de Jesucristo, herido por la lanza romana 



En ese chorro generoso ve simbolizado el cumplimiento de aquella promesa mesiánica, y lo hace constar con palabras solemnes para que todos los discípulos creamos que del Corazón de Jesús muerto brotó la Iglesia —así como del costado de Adán dormido había brotado la primera madre—, la Iglesia con los sacramentos que nos purifican, la redención que a todos alcanza, la vida que a todos nos hace hijos de Dios. 

Y para afianzar nuestra fe en verdades tan sublimes, se presenta como testigo de cuanto escribe. Por eso, añade: 

El que lo vio da testimonio y su testimonio es verdadero, y él sabe que dice la verdad, para que también vosotros creáis. Esto ocurrió para que se cumpliera la Escritura: «No le quebrarán un hueso», y en otro lugar la Escritura dice: «Mirarán al que atravesaron.» 


Al mirar ellos al que atravesaron, al mirarlo también nosotros, al mirarlo todos, porque todos en el pusimos nuestras manos, vemos que, mediante la herida abierta en el costado, ha quedado patente el camino que nos lleva hacia el Corazón de Jesús, y que  ese camino ya no se cierra. Es descanso para los piadosos, refugio de salvación para los arrepentidos, amor para todos.

 Intentaban los judíos retirar a toda prisa y sin honra el Cuerpo del Nazareno. sepultarlo en la fosa con los otros dos condenados, hundir en un sepulcro común sus huesos y poner sobre ellos y sobre toda su vida la tierra que destruye para siempre su memoria.

 Dios dijo al mar: ¡Hasta aquí! Y le puso una barrera infranqueable con menuda arena. Ahora, muerto ya su Hijo, dice al mar de las potestades infernales: ¡ Hasta aquí! Y no pueden mas contra Jesús.

 En efecto, apenas salían los judíos de la presencia de Pilato, con el permiso de que se quebrasen las piernas a los condenados y se los descolgase en cuanto muriesen, entró un señor respetable a pedirle una gracia. 

Era José, senador o consejero noble del Sanedrín, caballero rico de Arimatea, pueblo cercano a Jerusalén. 

Hombre bueno y justo, que también esperaba el Reino de Dios y era discípulo de Jesús, aunque oculto por temor de los judíos. Este no había votado a favor de la decisión y crimen de ellos. 

Si antes había temido y no se había declarado como debiera, ahora, movido por la muerte del Maestro y por la gracia divina, desecha todo temor: 

Audazmente se presentó a Pilato y le pidió el cuerpo de Jesús. Pilato se lo concedió. 

Viene también Nicodemo, aquel que en otro tiempo había venido a Jesús de noche, y trae consigo una mezcla de mirra y áloe que pesaba cerca de cien libras. 


Llegados al Calvario, piden permiso a la Señora que al pie de la Cruz velaba el último sueño de su hiño. Ayudados de escaleras y lienzos, desclavan el sagrado Cuerpo y lo bajan con toda reverencia. La primera que está allí presta a recibirlo y abrazarlo es su madre, la madre dolorosa. ¡Oh Virgen, hija de Sión! ¿A quién te compararé? Grande como el mar es tu quebranto, ¿quién te podrá consolar? 



José de Arimatea, Nicodemo, el discípulo Juan y las piadosas mujeres acompañan a la madre dolorosa, sumidos en un silencio de respeto y compasión. Después contemplan de cerca el sagrado cuerpo. Ven muerto al amado amigo, al dulce huésped de los días de paz. Le ven muerto por la fuerza de las torturas que los hombres escogieron. Y acaso no saben aún que las escogía el Padre y las aceptaba el Hijo. Pero urgía la hora. 

Era preciso acortar la devoción y acelerar el entierro, antes de que brillasen las estrellas, pues entonces comenzaba para los judíos el día del sábado y quedaba prohibido todo trabajo. 



Lavaron el cuerpo brevemente, lo cubrieron de aromas y lo envolvieron en un lienzo grande, según acostumbraban los judíos a sepultar. José de Arimatea tenía en un jardín suyo, cercano al Calvario, un sepulcro nuevo cavado en la roca viva. Estaba sin estrenar y lo ofreció para el Maestro. En la cámara interior, sobre una piedra plana y larga, a modo de altar, fue colocado el cadáver, y allí le dejó su última mirada y su Corazón la Virgen María. Una gran piedra redonda fue corrida hasta cerrar la entrada. 



Las mujeres, y especialmente María Magdalena, la arrepentida, la amante, han observado cómo preparaban los hombres el cadáver y han decidido volver pasado mañana para perfumarlo mejor. Mañana estarán en reposo absoluto conforme a la ley. 

 Para la madre de Jesús han traído un velo negro; y ella, con el rostro cubierto, acompañada por las mujeres y por San Juan, desciende a Jerusalén. Calles y plazas rebosan de gente. Alguno la mira y dice por lo bajo al compañero:

La madre del ajusticiado. 

Pero ella, a cada persona que cruza en el camino, sea israelita, sea griego, sea romano, le dice en silencio, con afecto de ternura inmensa y como el eco de un testamento sublime:

 —¡He aquí a tu madre!

 Y así entra en la casa donde pasará estos tres días de soledad y de esperanza. Allá afuera, en lo alto de un montecillo cuyo nombre ya nunca se olvidará, aparecen las siluetas de tres cruces que se recortan sobre un cielo iluminado por la luna de Nisán. Las tres están vacías. Ha terminado el primer Viernes Santo del Cristianismo. Jesús ha expiado hasta lo último por nosotros, y ahora empieza nuestra expiación. 



Esta expiación nuestra consiste en aplicarnos los méritos infinitos de nuestro Redentor mediante la recepción de los sacramentos y el cumplimiento de nuestros deberes de cada día. «Sólo los que se hacen fuerza —nos dejó dicho el Maestro— entrarán en el Reino de los cielos.»

Fuente: El Drama  de Jessús, J.l. Martinez S.J